El sentido común suele verse como una herramienta infalible para la toma de decisiones y la interpretación de la realidad. Se asume que es una brújula natural que guía a las personas en su vida diaria. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando el sentido común nos lleva a conclusiones erróneas o nos hace tomar decisiones poco acertadas? La realidad es que el sentido común no siempre es sinónimo de verdad, ya que puede estar influenciado por experiencias previas, emociones intensas o sesgos cognitivos.
Los pensamientos pueden distorsionar la percepción de la realidad y, en consecuencia, afectar nuestras decisiones y emociones. En este contexto, la conciencia juega un papel fundamental, ya que permite identificar y corregir errores de pensamiento.
En este artículo, exploraremos cómo el sentido común puede fallar, cuál es el papel de la conciencia en la regulación de los pensamientos y cómo la TCC ofrece herramientas para desarrollar una percepción más ajustada a la realidad.

El fracaso del sentido común
El sentido común se basa en la experiencia, la intuición y los conocimientos generales, pero no siempre es una fuente de verdad absoluta. Existen diversos factores que pueden hacer que el sentido común falle:
Sesgos cognitivos: Nuestra mente tiende a simplificar la realidad a través de patrones automáticos de pensamiento. Ejemplo de ello son la sobregeneralización (“Siempre me pasa lo mismo”) y la catastrofización(“Si fallo en esto, será un desastre total”).
Experiencias previas mal interpretadas: A veces, basamos nuestras decisiones en experiencias personales sin analizarlas objetivamente. Por ejemplo, una persona que haya sido traicionada en el pasado puede asumir que “todas las personas son poco confiables”, lo cual no es necesariamente cierto.
Influencia emocional: Las emociones pueden nublar el juicio lógico. Cuando alguien está ansioso o enojado, puede interpretar una situación de manera exagerada o errónea.
Normas sociales y creencias aprendidas: Lo que se considera “sentido común” no siempre es racional, sino que puede estar influenciado por normas culturales o familiares. Un ejemplo de esto es la creencia de que “los hombres no deben llorar” o que “una mujer debe aguantar en una relación por el bien de la familia”.
La conciencia como herramienta de regulación
La conciencia juega un papel clave en la regulación del pensamiento y la toma de decisiones. Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), se busca ayudar a las personas a desarrollar una conciencia más clara de sus propios pensamientos, emociones y comportamientos.
Según Beck, muchas de las dificultades emocionales surgen de pensamientos automáticos negativos que pasan desapercibidos. Para contrarrestarlos, se pueden aplicar diversas estrategias:
Tomar distancia del pensamiento automático: En lugar de aceptar un pensamiento como verdadero de inmediato, se recomienda cuestionarlo.
Identificar distorsiones cognitivas: Algunas personas ven el mundo en términos extremos, sin matices. Un ejemplo es el pensamiento dicotómico ("o tengo éxito o soy un fracaso"). Identificar estas distorsiones ayuda a generar pensamientos más equilibrados.
Reestructuración cognitiva: Este proceso consiste en analizar un pensamiento irracional y sustituirlo por una versión más objetiva y adaptativa. Por ejemplo, en lugar de pensar “Nunca lograré nada”, una alternativa más realista sería: “He tenido dificultades, pero eso no significa que no pueda mejorar”.
Uso de la metacognición: Consiste en tomar conciencia de cómo se está pensando y cuestionar si la forma en que se interpreta la realidad es la más adecuada.
Aplicación en la vida cotidiana
Las estrategias de la TCC pueden aplicarse en múltiples situaciones del día a día para mejorar la toma de decisiones y evitar que los sesgos cognitivos distorsionen la percepción de la realidad. Algunos ejercicios prácticos incluyen:
Cuestionar la validez del pensamiento: Cuando surge una conclusión negativa, preguntarse: “¿Qué evidencia tengo a favor y en contra de esta idea?”.
Buscar perspectivas alternativas: Imaginar cómo otra persona vería la situación puede ayudar a salir de un pensamiento rígido o emocionalmente cargado.
Regular la respuesta emocional: Aplicar técnicas de relajación, como la respiración profunda o la meditación, antes de reaccionar impulsivamente.
Recuerda, el sentido común, aunque útil en muchas ocasiones, no siempre es fiable. Puede fallar debido a sesgos cognitivos, emociones intensas o creencias irracionales. Sin embargo, la conciencia puede ser una herramienta poderosa para contrarrestar estos errores y lograr una percepción más realista y equilibrada de la realidad.
Referencias
Beck, A. T. (1976). Cognitive Therapy and the Emotional Disorders. International Universities Press.
Burns, D. D. (1999). Feeling Good: The New Mood Therapy. HarperCollins.
Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive Therapy of Anxiety Disorders: Science and Practice. Guilford Press.
Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux.
Leahy, R. L. (2003). Cognitive Therapy Techniques: A Practitioner’s Guide. Guilford Press.
Lazarus, R. S. (1991). Emotion and Adaptation. Oxford University Press.
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